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Desnutrición y pérdida de peso involuntaria en el mayor

Un mayor que adelgaza sin proponérselo es un mayor en riesgo. La pérdida de peso involuntaria en la vejez se asocia a peor pronóstico funcional, mayor fragilidad, más infecciones, más caídas y mortalidad aumentada. Las causas son múltiples y casi nunca aisladas. Esta página ordena el cuadro y explica por qué la valoración debe ser integral y por qué un Doctor en Psiquiatría con tesis sobre la vejez es una figura útil cuando intervienen ánimo, demencia, soledad o aislamiento.

Caso típico: el mayor que ha dejado de comer

La hija nota que el plato de su padre vuelve casi entero. La ropa le baila. La báscula confirma cinco kilos en seis meses. El padre dice que "no tiene hambre", que "todo le sabe igual", que "no le apetece nada". El médico de cabecera le ha pedido analíticas y todo está dentro de los límites. La familia se pregunta si tiene cáncer, si tiene depresión, si simplemente "no quiere ya vivir". Detrás puede haber una combinación de pérdida del olfato, dentadura mal ajustada, polimedicación con anorexígenos, depresión, soledad tras la viudedad reciente y deterioro cognitivo incipiente.

Particularidades en mayores

Se considera pérdida de peso significativa una pérdida del 5 % o más del peso habitual en seis meses, o del 10 % en un año, sin intención de adelgazar. En el mayor, esta cifra es relevante incluso en personas con sobrepeso de base, porque lo que se pierde con frecuencia es masa muscular (sarcopenia), no grasa.

Las causas son múltiples y se agrupan en cuatro grandes ejes. Médicas: cáncer, enfermedades digestivas, hipertiroidismo, insuficiencia cardiaca, EPOC, infecciones crónicas, problemas de masticación o deglución, estreñimiento, dolor crónico. Farmacológicas: digoxina, metformina, opioides, ISRS en algunos pacientes, fármacos que alteran el gusto. Psicológicas: depresión (causa muy frecuente y poco diagnosticada), duelo, ansiedad, ideación suicida pasiva (dejarse morir). Sociales: soledad (comer solo reduce la ingesta), pobreza, dificultad para comprar y cocinar, aislamiento.

Hay además causas propias del envejecimiento que merecen mención: anorexia del envejecimiento (reducción fisiológica del apetito), pérdida del gusto y del olfato (que reduce el placer de comer), saciedad precoz, dentadura deficiente.

Qué se valora en la consulta

Se cuantifica la pérdida (peso habitual, peso actual, tiempo). Se exploran síntomas digestivos, dolor, dentición, deglución. Se revisa la medicación completa. Se valora el ánimo, el placer en otras áreas (anhedonia), el contenido del pensamiento (autorreproche, desesperanza, ideas de muerte), el sueño. Se explora el contexto social: con quién come, si come solo, si compra, si cocina, si la comida está adaptada. Se evalúa cognición (porque el deterioro cognitivo afecta la conducta alimentaria). Se hace una valoración cognitiva orientativa y se mide fuerza de prensión y velocidad de marcha si se sospecha sarcopenia.

Diagnóstico, seguimiento y valoración funcional

El plan suele cruzar varias intervenciones. Se descartan o se derivan causas médicas (analítica orientada, derivación a digestivo, oncología u otro según sospecha). Se revisa medicación y se retira lo prescindible. Se trata la depresión cuando está presente, sabiendo que su mejoría es la intervención de mayor rendimiento sobre el peso. Se interviene sobre la soledad y la comida (asegurar compañía en las comidas, simplificar la cocina, reforzar densidad calórica y proteica). Se deriva al dentista si procede. Se inicia ejercicio adaptado para preservar masa muscular.

El seguimiento se hace con citas mensuales con control de peso. La valoración funcional documenta la repercusión.

Apoyo a la familia y al cuidador

La familia suele estar angustiada y a menudo presionando al mayor: "tienes que comer", "no comes nada". Esa presión empeora la conducta alimentaria. Se trabaja un cambio de marco: no obligar, ofrecer comida apetecible y frecuente, acompañar la comida, evitar discusiones. Se identifica al cuidador y se vigila la carga.

Dr. Joseph Salama, Doctor en Psiquiatría

Cuando un mayor adelgaza sin proponérselo, no hay que pensar en una causa: hay que pensar en varias a la vez. El plato vacío suele contar más de lo que el paciente dice.

Dr. Joseph Salama, Doctor en Psiquiatría

Sarcopenia: lo que se pierde no es grasa

Lo decisivo en el mayor no es tanto el número en la báscula como la composición corporal. Con el envejecimiento se pierde masa muscular y se gana grasa visceral, de modo que un peso aparentemente estable puede ocultar sarcopenia progresiva. Cuando un mayor enferma, ayuna unos días o entra en encamamiento por una hospitalización, pierde músculo con rapidez sorprendente: días de inmovilidad equivalen a meses de envejecimiento muscular. Recuperarlo después exige semanas o meses de ejercicio de resistencia con aporte proteico adecuado, y a veces no se recupera del todo. Por eso prevenir la sarcopenia es tan importante como tratarla.

El abordaje nutricional en el mayor con pérdida de peso prioriza densidad calórica y proteica: comidas pequeñas pero frecuentes, lácteos enteros, huevo, pescado, legumbres, suplementos hipercalóricos hiperproteicos cuando están indicados. Las dietas restrictivas (sal, colesterol, azúcar) que tienen sentido en el adulto sano de mediana edad suelen ser contraproducentes en el mayor frágil que come poco; el riesgo de desnutrición supera al beneficio de la restricción.

El mayor que come solo

Una de las causas más infravaloradas de mala ingesta en el mayor es comer solo. La comida es vínculo: cuando se come en compañía, se come más, mejor y con más placer. Cuando un mayor viudo, aislado o institucionalizado come solo en silencio, la ingesta cae. Recuperar la compañía a las horas de comida es una intervención sin coste con efecto medible: comer con la familia algunos días, participar en comedores sociales o programas comunitarios, comer acompañado en residencia. Para muchos pacientes, este cambio aporta más kilos que cualquier suplemento.

Dentición, deglución y sabor

Una dentadura mal ajustada o piezas dentales perdidas pueden reducir drásticamente la ingesta sin que el paciente lo verbalice. La revisión dental periódica y la adaptación de la prótesis son intervenciones simples y eficaces. La disfagia (dificultad para tragar) es otro problema frecuente y muchas veces silente: tos al beber, atragantamientos, voz "mojada" tras tragar, neumonías recurrentes son señales. Cuando se sospecha, conviene valoración con logopedia y adaptación de la textura de los alimentos. La pérdida del gusto y del olfato propia del envejecimiento se compensa intensificando sabores agradables, no añadiendo sal sin más; las hierbas aromáticas, los caldos y la presentación cuidada estimulan la ingesta.

Suplementos nutricionales orales: cuándo sí y cuándo no

Los suplementos nutricionales orales hipercalóricos e hiperproteicos son un recurso útil en pacientes con pérdida de peso significativa que no recuperan con la alimentación habitual. Indicados con criterio, contribuyen a frenar la pérdida y preservar masa muscular, especialmente cuando se combinan con ejercicio de resistencia. No son la primera respuesta automática: antes conviene revisar las causas de la mala ingesta (dentición, deglución, soledad, depresión, fármacos), porque resolver la causa rinde más que añadir un bote de suplemento que el paciente, en muchos casos, deja sin acabar. Cuando se prescriben, se reparten en el día, se ofrecen como complemento y no en sustitución de comidas, y se evalúa la respuesta.

Pérdida de peso en demencia avanzada

Un escenario específico es la pérdida de peso en el mayor con demencia avanzada. En esa fase, la anorexia es parte de la trayectoria de la enfermedad y forzar la alimentación —incluso por sonda nasogástrica o gastrostomía— no ha demostrado mejorar la supervivencia ni la calidad de vida en demencia avanzada, y sí produce sufrimiento añadido. El abordaje aquí cambia: se prioriza el confort, se ofrece comida en pequeñas cantidades, en texturas adaptadas si hay disfagia, sin obligar, manteniendo el placer alimentario mientras sea posible. Esta es una conversación delicada con la familia y conviene tenerla antes de que la situación se precipite.

Comer en residencia

El mayor institucionalizado tiene un riesgo nutricional específico: comida estandarizada que puede no encajar con sus preferencias, horarios fijos, comer solo o en compañía no elegida, supervisión irregular de la ingesta real. Una pérdida de peso significativa en residencia debe llevar siempre a revisar la alimentación, el estado emocional, la dentición y la presencia de cuadros médicos no detectados. Los profesionales del centro son los principales aliados para identificar el problema temprano.

Cuándo es útil un informe médico

Un informe es útil para documentar la pérdida funcional asociada (Ley de Dependencia), justificar la necesidad de apoyo domiciliario, aportar valoración psiquiátrica en procesos de capacidad de obrar o complementar la documentación de otras especialidades. Firmado con número de colegiado, sin promesa de resultado.

Cribado nutricional sencillo

Una escala práctica y rápida para identificar riesgo nutricional en el mayor es el Mini Nutritional Assessment en su versión breve (MNA-SF), que incluye preguntas sobre pérdida de peso reciente, ingesta, movilidad, estrés psicológico o enfermedad aguda reciente, problemas neuropsicológicos y un cálculo del IMC. Su aplicación apenas lleva unos minutos y permite identificar pacientes en riesgo que se benefician de intervención nutricional precoz. Cualquier consulta del mayor puede incluirla.

Por qué un Doctor en Psiquiatría con tesis sobre la vejez

El Dr. Joseph Salama defendió en 1994 su tesis doctoral titulada "Un estudio de las actitudes en la vejez", leída en la Universidad de Málaga. Es miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología Médica. La pérdida de peso involuntaria del mayor es un problema clínico de frontera: digestivo, geriatría, psiquiatría. Cuarenta años de consulta con mayores permiten reconocer la pieza emocional que casi siempre está y rara vez se nombra.

Señales de alarma. Acuda a urgencias o llame al 112 si hay pérdida de peso muy rápida con vómitos, sangrado digestivo, dificultad para tragar progresiva, deshidratación severa, fiebre o ictericia. Y consulte sin demora si hay ideas de muerte, autoabandono o rechazo total a la ingesta. La pérdida de peso involuntaria nunca es "normal en la vejez".

Cómo trabajar con la consulta

Escriba por el formulario o por email a salamaioseph@gmail.com exponiendo el caso: cuánto ha perdido, en cuánto tiempo, qué come, cómo está el ánimo, medicación, enfermedades. Se le orienta sobre primera consulta presencial o valoración a distancia. La consulta cuesta 100 €, pagaderos en efectivo, Visa o Mastercard. Si procede informe, se presupuesta aparte.

Preguntas frecuentes

¿Es normal adelgazar en la vejez?

No. Hay una ligera reducción fisiológica del apetito, pero la pérdida significativa siempre debe estudiarse.

¿Y si las analíticas están bien?

Una analítica normal no descarta causas. Conviene una valoración clínica completa que incluya ánimo, medicación, situación social y cognición.

¿La depresión puede ser la única causa?

Sí. La depresión del mayor es una de las causas más frecuentes y mejor reversibles de pérdida de peso involuntaria.

¿Atienden a distancia?

Sí, con apoyo familiar. La valoración inicial suele preferirse presencial cuando es posible.

¿Hacen informes para Ley de Dependencia?

Sí, informes estructurados firmados y con número de colegiado.

Formulario para estudiar el caso

Pago: 100 €, efectivo, Visa o Mastercard; no se acepta Bizum.

Al enviar este formulario acepta el tratamiento de los datos para responder a su consulta. Más información en la política de privacidad.

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