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Desprescripción en personas mayores: retirar medicación también es medicina
Muchas personas mayores toman tratamientos iniciados en momentos distintos por especialistas distintos. Algunos siguen siendo imprescindibles; otros han perdido sentido, duplican efectos o producen daño. Desprescribir no es abandonar ni quitar por quitar: es revisar con método qué medicamentos aportan beneficio real, cuáles aumentan riesgo y cómo reducirlos sin precipitación.
Caso típico: 'toma doce pastillas y nadie mira el conjunto'
Un hombre de ochenta y seis años toma medicación para tensión, próstata, colesterol, sueño, dolor, acidez, diabetes, anticoagulación y ánimo. Cada fármaco tiene una historia. Algunos fueron iniciados tras un ingreso, otros por síntomas ya resueltos, otros por prevención a largo plazo. La familia consulta por mareos, caídas y falta de apetito. El problema no se entiende mirando una receta aislada; aparece al ver el conjunto.
Este escenario es una de las consultas geriátricas más frecuentes. La pregunta no es si cada medicamento estuvo justificado algún día, sino si sigue estando justificado hoy, con la edad, la fragilidad, el riñón, la memoria, el riesgo de caídas y los objetivos actuales del paciente.
Qué es desprescribir
Desprescribir es reducir o retirar medicamentos cuando el balance beneficio-riesgo ya no es favorable. Incluye detectar duplicidades, fármacos sin indicación actual, tratamientos de duración excesiva, dosis demasiado altas para la edad, interacciones y cascadas de prescripción: una pastilla añadida para tratar el efecto secundario de otra.
No es una práctica anticientífica. Al contrario, exige más razonamiento que seguir renovando recetas por inercia. Retirar con criterio requiere conocer la enfermedad, el fármaco, el tiempo de uso, los riesgos de rebote y las preferencias del paciente.
Cuándo sospechar que la medicación pesa demasiado
Caídas, somnolencia, confusión, estreñimiento, pérdida de apetito, boca seca, retención urinaria, hipotensión, hipoglucemias, edema, sangrados, insomnio paradójico o deterioro rápido pueden estar relacionados con medicamentos. A veces el paciente no se queja de un efecto concreto; simplemente 'está peor'.
La sospecha aumenta tras ingresos, cambios de especialista, duplicidades de marcas, automedicación, suplementos añadidos y recetas antiguas que nadie se atrevió a suspender.
Priorizar: no se puede revisar todo igual
La revisión empieza por los fármacos con más riesgo inmediato: sedantes, anticolinérgicos, opioides, hipoglucemiantes, antihipertensivos si hay hipotensión, antiinflamatorios, anticoagulantes mal ajustados y combinaciones que afectan al riñón. También se valoran tratamientos preventivos cuyo beneficio tarda años y quizá ya no encaja con la situación clínica.
No todo se retira. Algunos tratamientos son protectores y deben mantenerse. La clave es ordenar prioridades: qué está produciendo daño probable ahora, qué aporta beneficio claro, qué se puede simplificar y qué necesita coordinación con otro especialista.
Cómo se hace sin provocar problemas
Se retira de uno en uno siempre que sea posible, con un objetivo concreto y un plan de seguimiento. Se acuerda qué se espera mejorar y qué síntomas vigilar. Algunos fármacos requieren reducción gradual; otros se pueden suspender con más facilidad. El paciente y el cuidador deben saber qué hacer si aparece rebote.
La desprescripción precipitada puede generar ansiedad, dolor, insomnio, subida de tensión, recaídas o pérdida de confianza. Por eso se documenta el motivo y se revisa. Quitar medicamentos también tiene técnica.
La familia y el miedo a 'quitarle algo importante'
Muchas familias sienten que retirar medicación equivale a dejar de tratar. Este miedo es comprensible, sobre todo si el paciente ha tenido infartos, ictus, ingresos o episodios graves. La consulta explica la diferencia entre retirar lo innecesario y abandonar lo necesario.
También ocurre lo contrario: familias que quieren quitarlo todo porque 'son demasiadas pastillas'. Esa simplificación también puede ser peligrosa. La revisión seria evita ambos extremos.
Qué documentación ayuda
Conviene llevar todos los envases o una lista actual con nombre, dosis, horario y motivo si se conoce. Es útil incluir medicación sin receta, gotas, inhaladores, parches, suplementos, plantas medicinales, laxantes, analgésicos tomados a demanda y pastillas antiguas que el paciente conserva.
También ayuda aportar analíticas recientes, función renal, ingresos, caídas, tensión en casa, glucemias si hay diabetes y una cronología de cambios: qué se añadió antes de que empezara el problema.
Señales de alarma
Consulte de forma urgente ante confusión brusca, síncope, caída con traumatismo, sangrado, dificultad respiratoria, hipoglucemia, somnolencia intensa, retención urinaria dolorosa, dolor torácico o reacción tras cambiar medicación. No modifique anticoagulantes, antiepilépticos, corticoides crónicos, benzodiacepinas de largo uso o tratamientos cardiológicos relevantes sin supervisión.
Si no hay urgencia, una revisión programada puede evitarla. Muchas complicaciones de polimedicación se previenen antes de que lleguen a urgencias.
Documentación que conviene aportar
Para una primera valoración es útil traer informes recientes, analíticas, pruebas de imagen, listado completo de medicación con dosis y horarios, antecedentes principales, ingresos de los últimos meses y una descripción sencilla de la autonomía: si camina solo, si se viste, si se ducha, si cocina, si maneja dinero y si controla su medicación.
Cuando consulta un familiar, conviene preparar una cronología breve. No hace falta escribir una novela clínica: fecha aproximada de inicio, cambios relevantes, tratamientos probados, efectos adversos, caídas, ingresos y qué decisión se necesita tomar ahora. Esa claridad ahorra tiempo y evita que la consulta se pierda en datos secundarios.
Diagnóstico, seguimiento e informe no son lo mismo
Una cosa es orientar el diagnóstico, otra seguir la evolución y otra emitir un informe médico para dependencia, capacidad, incapacidad o una decisión familiar compleja. En mayores, estas tres piezas se mezclan con facilidad. La consulta separa cada nivel para no prometer lo que no corresponde y para que la familia sepa qué documento necesita, si es que necesita alguno.
Un informe útil no se limita a enumerar enfermedades. Debe explicar repercusión funcional: qué puede hacer la persona, qué no puede hacer, qué apoyos necesita, qué riesgos existen y qué datos clínicos sostienen esa conclusión. Esta mirada es especialmente importante en una persona mayor con varias enfermedades a la vez.
Por qué importa la tesis doctoral sobre la vejez
El Dr. Joseph Salama defendió en 1994 su tesis doctoral "Un estudio de las actitudes en la vejez" en la Universidad de Málaga, con calificación cum laude, y es miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología Médica. Esa trayectoria ayuda a mirar al mayor como una persona con biografía, vínculos, miedos y recursos, no como una lista de diagnósticos.
La vejez cambia la forma en que aparecen los síntomas, la tolerancia a los tratamientos y el peso de las decisiones familiares. Por eso estas páginas insisten en revisar cuerpo, mente, medicación, autonomía y entorno al mismo tiempo.
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En geriatría, a veces la mejor nueva prescripción es dejar de necesitar una antigua.
Dr. Joseph Salama, Doctor en Psiquiatría
Cómo trabajar con la consulta
Puede escribir por el formulario o por email a salamaioseph@gmail.com explicando edad, diagnósticos, medicación, autonomía, cambios recientes y motivo de consulta. Se orienta con honestidad sobre si conviene valoración presencial en Torremolinos, videoconsulta, revisión documental o informe médico.
La consulta de valoración cuesta 100 €, pagaderos en efectivo, Visa o Mastercard; no se acepta Bizum. Si se solicita informe médico, se presupuesta aparte según complejidad antes de empezar.
Preguntas frecuentes
¿Esto sustituye al especialista correspondiente?
No. La consulta ayuda a ordenar el caso, revisar medicación, valorar repercusión funcional y orientar decisiones, pero no sustituye urgencias ni el seguimiento de cardiología, neurología, endocrinología, odontología u otra especialidad cuando procede.
¿Puede acudir un familiar?
Sí. En personas mayores suele ser útil que acuda un familiar o cuidador, siempre respetando la voz y la dignidad del paciente.
¿Se puede valorar a distancia?
En muchos casos sí, especialmente para revisión documental, orientación familiar y seguimiento. Si hay síntomas de alarma o necesidad de exploración física, se indicará valoración presencial o urgente.
¿Cuándo tiene sentido un informe?
Cuando hace falta documentar capacidad, dependencia, repercusión funcional, necesidad de apoyos o una segunda opinión razonada. No todos los casos necesitan informe.
Formulario para estudiar el caso
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