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Deprescripción en mayores: cuándo quitar medicación
En geriatría, a veces el acto médico más cuidadoso no es añadir un tratamiento sino retirar uno que ya pesa más que ayuda. Deprescribir no significa abandonar: significa revisar objetivos, riesgos, esperanza de vida, fragilidad, síntomas actuales y preferencias del mayor para que cada fármaco tenga una razón defendible.
Caso típico: una bolsa de medicamentos y demasiados síntomas
Un hombre de 87 años acude con su hija. Trae una bolsa con antihipertensivos, protector gástrico, estatina, somnífero, antidepresivo, analgésicos, fármaco para próstata, vitaminas, laxantes y gotas para dormir “solo cuando hace falta”. Está más torpe, se cae, duerme de día y no recuerda bien la pauta. La familia pregunta si necesita “algo para la memoria”, pero la primera pregunta clínica es otra: qué medicamentos pueden estar quitándole lucidez, equilibrio y apetito. La deprescripción empieza por escuchar los síntomas reales y cruzarlos con la lista completa, incluidos productos sin receta.
Qué es y qué no es deprescribir
Deprescribir es retirar, reducir o sustituir fármacos cuando el balance beneficio-riesgo ha cambiado. No es cortar tratamientos de golpe ni decidir por edad. Un anticoagulante puede ser imprescindible a los 90; una vitamina puede sobrar a los 70. La clave es si el medicamento sigue teniendo un objetivo actual, medible y proporcional al estado del paciente. En el mayor frágil, tratamientos pensados para prevenir problemas a diez años pueden perder sentido si producen caídas, hiponatremia, sangrados, anorexia o confusión ahora.
Medicamentos que más se revisan
Se revisan de forma especial benzodiacepinas e hipnóticos, anticolinérgicos, antipsicóticos mantenidos sin indicación clara, duplicidades antihipertensivas, antiinflamatorios crónicos, protectores gástricos indefinidos, sulfonilureas en diabéticos frágiles, opioides sin seguimiento y suplementos acumulados. También se revisan fármacos que “no parecen importantes”, como gotas, antihistamínicos, relajantes musculares o preparados de herbolario, porque pueden interactuar o empeorar sueño, marcha, estreñimiento y cognición.
Cómo se hace con seguridad
La retirada se ordena por prioridades: primero lo potencialmente dañino, lo duplicado o lo que ya no tiene indicación; después lo preventivo de beneficio lejano; por último lo que el paciente desea probar a reducir. Casi siempre se retira de uno en uno, con calendario, señal de alarma y revisión. En algunos fármacos, como benzodiacepinas, antidepresivos, betabloqueantes u opioides, la retirada brusca puede ser peligrosa y requiere descenso gradual. La familia debe saber qué observar y cuándo consultar.
La conversación difícil: “me lo mandó el especialista”
Muchos mayores reciben medicación de varios especialistas y nadie asume la lista completa. Deprescribir no contradice al especialista: actualiza el plan desde la situación global. Un fármaco que era correcto tras un infarto puede necesitar ajuste si aparece deterioro renal; un hipnótico que resolvió una crisis de duelo puede ser dañino si se mantiene años. La coordinación con atención primaria es esencial para que el paciente no reciba mensajes opuestos.
Qué se valora en consulta
Se revisa la medicación con dosis, horarios y motivo de cada fármaco; antecedentes, caídas, mareos, confusión, estreñimiento, apetito, sueño, dolor, función renal y hepática, presión arterial sentada y de pie, estado cognitivo y objetivos del paciente. Se intenta reconstruir qué fármaco se inició por qué motivo y si ese motivo sigue vivo. La revisión incluye la manera real de tomar la medicación, no la pauta ideal escrita en un informe antiguo.
Informe y seguimiento
Un informe de revisión terapéutica puede ser útil para ordenar la historia, proponer preguntas al médico de cabecera y dejar claros los riesgos detectados. No sustituye al prescriptor responsable, pero ayuda a que la familia tenga un mapa y no una lista confusa. El seguimiento comprueba si al retirar se recupera equilibrio, apetito, alerta o sueño, y si reaparece el síntoma que justificaba el tratamiento.
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En el mayor, el diagnóstico no está solo en el órgano afectado. Está también en la medicación, la biografía, la autonomía y la forma concreta en que la familia sostiene el día a día.
Dr. Joseph Salama, Doctor en Psiquiatría
Por qué un Doctor en Psiquiatría con tesis sobre la vejez
El Dr. Joseph Salama defendió en 1994 su tesis doctoral titulada "Un estudio de las actitudes en la vejez", leída en la Universidad de Málaga. Es miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología Médica. Esta trayectoria permite mirar los problemas del mayor como cruces entre enfermedad médica, estado mental, medicación, fragilidad, familia y decisiones reales, sin reducirlos a una sola etiqueta.
Cómo trabajar con la consulta
Escriba por el formulario o por email a salamaioseph@gmail.com explicando edad, diagnósticos, medicación, cambios recientes, autonomía, ánimo, sueño y documentación disponible. La consulta cuesta 100 €, pagaderos en efectivo, Visa o Mastercard. Si procede informe, se presupuesta aparte antes de redactarlo.
Preguntas frecuentes
¿Se pueden quitar medicamentos en un mayor de golpe?
Algunos sí, pero muchos no. Depende del fármaco, dosis, tiempo de uso y riesgo de rebote.
¿Deprescribir es dejar de tratar?
No. Es ajustar el tratamiento a lo que hoy aporta beneficio real al paciente.
¿Quién debe autorizar los cambios?
El médico responsable de la pauta. La consulta puede revisar y emitir orientación, pero los cambios se coordinan.
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